De repente comenzó a sentirse muy ligera, como si fuera aire, y una sensación de bienestar la envolvió. Cerró los ojos intentando recordar, intentando situarse. No entendía por qué se sentía tan desorientada a pesar de sentirse tan relajada, tranquila y protegida. Miró a su alrededor. Todo era luz, una luz cegadora, y paz, mucha paz.
En medió de todo aquello surgió una voz como de la nada. Dios, esa voz que conocía y que llevaba tantos años echando de menos. Un escalofrió recorrió su espalda debido a la sorpresa.
¡Jacinto!.Apenas podía hablar por la emoción.
Corrió hacia él para abrazarlo pero cuando lo alcanzó no pudo hacerlo. Se paró en seco y se le quedó mirando entre sorprendida y asustada. Él estaba quieto, observándola con ternura, y rodeado de luz. Parecía un ángel. De nuevo volvió a sentirse desorientada y cayó en la cuenta de algo.
Jacinto - ¿Por qué puedo verte ahora? ¿Dónde estamos? ¿Por qué me siento así? ¿Cómo estas? ¿Por qué te fuiste y me dejaste tan sola? ¿No sabes que te echo mucho de menos?- Las palabras, las preguntas, las exclamaciones, los sentimientos... todo se atropellaba en su boca.
Al fin volvía a escuchar su voz después de tanto tiempo.
Sé que tienes muchas dudas y muchas preguntas pero ahora no hay tiempo para eso. Ahora estoy aquí para ayudarte a recordar.
¿Recordar?, ¿Recordar qué?
Ahora tienes que buscar en ti...
En medio de su estado de estupefacción intentó hacer lo que él le decía pero no era capaz. Estaba tan contenta de volver a verlo que ya no le importaba donde estaba o porqué, solo sabía que estaba a su lado, por fin, y que era feliz.
No me importa, no quiero saberlo. No sabes cuanto te he echado de menos.
Lo sé cielo, yo también te echo de menos pero, desde donde estoy, te veo cada día y cuido de ti y por eso ahora tengo algo importante que hacer. Mira esto y después escúchame.
Y entonces lo vio.
Se vio a sí misma, echada en la cama de un hospital. Estaba como dormida pero había cierta expresión de felicidad en su rostro. Y él... Él estaba allí, sentado a su lado, sujetándola de la mano y llorando sin poder contenerse.
En ese momento comenzó a recordar: Ella llevaba varios días triste, había llegado a pensar que él no la amaba y que nunca la amó, ya se había cansado de esperar y de luchar. A pesar de amarlo con locura, las dudas habían podido con ella y, aunque le dolió en el alma, decidió dejar todo. Se despidió de él con un mensaje, sin atreverse a llamarlo y con la promesa de que no le molestaría más, pero que siempre estaría esperándole, fuera donde fuera. Salió llorando y se subió al coche. Cuando iba por la carretera las lágrimas que empapaban su cara a duras penas la dejaban verla. Se sentía desesperada, apagada y de pronto se sumergió en la oscuridad... hasta ahora.
Dios mío, Jacinto ¿estoy muerta? En el accidente... ¿yo? Es por eso... ¿Por eso te veo y puedo estar contigo?
No estas muerta, cielo. Por eso estoy aquí, solo pensaste que ya no te quedaba nada por lo que luchar y emprendiste el camino pero ya es suficiente, debes parar aquí y volver.
Pero si vuelvo dejaré de verte, no estaré contigo. Yo aquí ya no tengo nada. Quiero ir contigo.
Date la vuelta y mírale. Está ahí contigo, te ama. A pesar de tus dudas, te ama. Las cosas tampoco son fáciles para él, debes comprenderlo. Confía en mi, su amor es verdadero. Llevas días en coma y no se ha movido de tu lado. Lleva días llorando, acariciándote y besándote para que despiertes. Se siente responsable y nunca podría perdonarse él perderte. Tienes que ayudarle, tienes que volver y debéis comenzar de nuevo, pero juntos. Él ya ha tomado su decisión, ha tardado pero la sola idea de perderte le abrió los ojos. Ya la había tomado antes de que recibiera el mensaje. Salió en tu busca para decírtelo. Quería dejarlo todo por ti... pero tu no lo sabias y dejaste de luchar. Por eso estas aquí.
Se encontraba conmocionada pero le hizo caso a Jacinto y lo miró de nuevo: él estaba desesperado, abrazándola, llorando, susurrándole al oído, pidiéndole por favor que no lo abandonara. Le decía que la amaba y que no podría vivir sin ella.
¿Lo ves? Todavía te quedan muchas cosas por las que vivir y él es la más importante. Puedes volver allí con toda la seguridad de que eres lo más importante para él. Vuelve a la vida que aún no ha llegado tu hora.
Si vuelvo no te veré más... Yo le amo con locura.
Estaba confusa pero algo en su interior le hizo ver que Jacinto tenía razón. Todavía le quedaban muchas cosas por hacer antes de reunirse con él para siempre.
Gracias - Te quiero mucho. Gracias por devolverme a la vida. Te echaré de menos.
-Yo también, cielo. Acuérdate que desde aquí siempre velaré por ti. Ahora vuelve y sé feliz... para siempre.
Entonces si pudo abrazarlo con ternura, un último abrazo, y emprendió el camino de vuelta.
En la habitación del hospital, él seguía abrazándola, lloraba desesperado. Entonces ella se movió. Abrió los ojos y lo miró.
Te amo, le dijo.
Dios, mi niña, al fin has vuelto, las lágrimas que ahora bañaban sus ojos eran de pura alegría y felicidad, yo también te amo. Tenía tanto miedo a perderte.
Alguien me dio un buen consejo para que regresara a tu lado.
Sé quien fue y le estaré eternamente agradecido por devolverte a mi lado, porque si te hubieras ido, mi vida se habría ido contigo ¿Me equivoco de persona?
Ella solo sonrió.
¿Lo ves? Siempre te dije que él cuidaba de ti y yo le prometo que mientras estés a mi lado voy hacerte la mujer más feliz del mundo.
-Lo sé y tenías razón.
Ambos se fundieron en un abrazo, que significaba el principio de su nueva vida juntos. Mientras en su interior ella le daba las gracias de nuevo, al que un día fue su marido y hoy es su ángel. Tenían que aprovechar la oportunidad que el destino les había dado y ellos sabían como hacerlo.
-Desde arriba, Jacinto los miraba sonriendo.
Te quiero y siempre estaré a tu lado.