Hace un tiempo atrás, mientras iba paseando por la playa, presencié la trágica historia de la vida de un grano de arena. Soñando incesantemente y mirando, como esperando desesperadamente, a las olas. Su mirada me cautivó, pues aunque se veían sus ojos alegres, como sonriendo, no me pudo engañar. Mirando muy dentro de ellos hallé una mirada perdida y desamparada, deseando profunda e incansablemente un imposible y viéndose inútil para poder hacer algo al respecto.Enamorado de la mar turquesa que veía a diario vivió este granito de arena. "Estás loco. Mírate, gastando tu vida en sueños. Sé realista." le imploraban sus amigos, pero el granito de arena los ignoraba. Callado allí donde estaba, miraba a las olas llenas de espuma ir y venir. Se le acercaban tanto, más nunca lo suficiente y justo cuando creía estar a punto de lograrlo, sus ojos llenos de alegría, sólo veía como regresaban de nuevo y lo dejaban allí inútil para poder correr hacia ellas y abrazar la mar. El tiempo pasó y lo único que podía hacer era envidiar y observar como el resto de los granos de arena eran recogidos por la grandeza e imponente presencia de su amada. Los otros granos no lo comprendían. Jamás podrían.Recordando como ella pensaba igual en el pasado, se lamentaba de no haber escuchado al grano que le hablaba sobre la mar cuando era muy pequeño. Ahora él era quien hablaba de la mar recordando las pocas palabras que aún permanecían en su memoria; palabras del otro grano también enamorado de la mar y el cual logró un día ser llevado por el viento hasta los brazos de su amada. Había unas palabras que aquel grano había dicho que todavía permanecían grabadas en la mente de este grano: "En momentos en que las cosas no van como quieres, detente. Piensa si eso es lo que realmente quieres para tu vida. Entrégate totalmente a tu propósito. Sé fiel hasta el final. Jamás te desesperes. Sigue sin prisa pero sin pausa. Decídete a ser feliz y no te rindas." Palabras de sabiduría por las que ahora regía su vida”.
Viendo a aquel grano, me vi a mí misma reflejada en sus ojos. Mis ojos liberaron una lágrima y la vi cuando calló sobre él y por un segundo pensó que fue la mar para luego darse cuenta de su gran desilusión. Y mirándolo me di cuenta que no era justo que ningún ser pasara por el mismo dolor que atormenta mi alma. Con cuidado recogí aquel grano de arena que impactó tanto mi corazón. Lo acerqué al lugar donde llegaban las olas y lo vi. Ser levantado hasta el cielo en las manos de su amada. Salí corriendo, mi corazón rebosando de alegría al ver que no todos los sueños imposibles son inalcanzables.